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  • Carlos Mario Rodríguez

Periferias internas en las ciudades latinoamericanas


Las dinámicas demográficas y migratorias (económicas y desplazamiento forzado) han resultado en un fenómeno socio-espacial de concentración urbana de flujos crecientes y paulatinos y de consolidación gradual y constante donde “más de la mitad de la población mundial vive actualmente en zonas urbanas” (Naciones Unidas, 2014).

Una gran parte de esta población se emplaza especialmente sobre las periferias y bordes urbanos de las ciudades, en territorios no planificados, sin capacidad de soporte o en áreas con riesgos y amenazas naturales, y como consecuencia de estos procesos de ocupación se generan en el territorio condiciones de precariedad, pobreza y problemáticas sociales. Al respecto advierte Cuenin y Silva (2010) que “los costos del desarrollo territorial desbalanceado afectan especialmente a las familias más pobres que viven en las zonas menos servidas, alejadas del centro de la ciudad.”

Ahora bien, estos procesos de ocupación en las periferias de las ciudades no solo se presentan de manera informal, sino que las autoridades de gobierno en su afán de reducir los déficit cuantitativo de viviendas, implementan programas en territorios sin las condiciones de soporte urbano y bajo esquemas en los que solo se resuelve la unidad de habitación, pero no la construcción de los demás componentes que aseguren una vida urbana de calidad y una integración sana de los asentamientos con los ecosistemas naturales y la ciudad formal, y en consecuencia se profundizan las “dificultades en materia de planificación sostenible y buena gobernanza del entorno urbano, en particular en las localidades que no están debidamente preparadas para absorberlo” (Naciones Unidas, 2014).

Las ciudades latinoamericanas son una muestra del acelerado crecimiento de sus centros urbanos carentes de procesos de planificación en sus periferias y regidos por el “misterioso” afán de la necesidad de generación de suelo utilizable, apto para su ocupación y destinado al asentamiento cuantitativo de la población con bajos indicadores cualitativos, y que en definitiva, como advierte Bitar (2014) son proceso trasversalizados por “la falta de planificación, debilidad institucional, carencia de espacios públicos, segregación, exclusión, desigualdad, inseguridad y crecimiento exponencial del parque automotriz.”

Estos territorios se presentan a la población migrante como centros urbanos de oportunidad para su desarrollo y su sostenibilidad económica y social, sin embargo, “la característica central del problema urbano no es la magnitud del crecimiento de la población sino la amplitud de la falta de correspondencia entre el cambio demográfico y el cambio institucional” (Sachs-Jeantet, 2007).

Estos asentamientos sobre las periferias, constituidos cíclicamente a través de décadas de ocupación legal e ilegal o formal e informal, han contribuido a desarrollos de ciudades dispersas que crecen entorno a los bordes urbanos construyendo territorios fragmentados, segmentados, inconexos y bastante precarios en su capacidad de soporte para el desarrollo de vida en comunidad y en sociedad, estos suelos se han convertido en escenarios de conflictos sociales y de grandes problemas de violencia por la ausencia de gobernabilidad y la forma urbana.

En palabras de Sachs-Jeantet (2007), “el cuadro predominante es el de las ciudades fragmentadas o duales, caracterizadas por fenómenos de exclusión social, segregación espacial y creciente violencia urbana. La forma que han adoptado el crecimiento económico y el cambio social ha tenido mucho que ver con el surgimiento de nuevos problemas en las ciudades.”



La precariedad económica, la pobreza y los conflictos sociales, encuentran en la forma irregular de los tejidos urbanos, la ausencia de procesos de planificación integral y la manera de ocupar el territorio de las periferias o de los deteriorados centros urbanos, escenarios ideales para la proliferación de la violencia y el desequilibrio territorial, así como espacios desarticulados y ausentes de las políticas públicas gubernamentales.

El modelo de crecimiento de las ciudades latinoamericanas cargado de enormes desequilibrios y expansión de la desigualdad, se configura y consolida en consecuencia, a través de la “disfuncionalidad en la ocupación desordenada del territorio, la alteración del paisaje natural y de la imagen urbana y especialmente, la aparición de segregaciones espaciales de zonas y espacios urbanos: unas, altamente equipadas y dotadas con elevados estándares de calidad de vida, otras, caracterizadas por la exclusión, en donde se concentran problemas de marginalidad, falta de equipamiento y servicios básicos, y deterioro ambiental” (Tauber, 2014).

Estas características del territorio marcan el comportamiento de los ciudadanos y la vida de las ciudades, por lo que se vuelve imprescindible, avanzar en la definición de políticas públicas que re-establezcan las condiciones urbanas y territoriales para una sana convivencia, y por lo tanto permitan la recuperación, articulación y puesta en marcha de procesos que evidencien áreas y territorios de ciudad con deficiencias y precariedades urbanas y sociales, y su vez, permitan implementar acciones e intervenciones para la construcción de un territorio con equidad y con ello garantizar la sostenibilidad social, económica y cultural de la sociedad que las habita, con el fin de “(…) mejorar el acceso de las personas a la educación, la atención a la salud, la vivienda y otros servicios, fomentar las oportunidades en materia de productividad económica y gestionar de manera más adecuada el efecto de la población sobre el medio ambiente.” (Naciones Unidas, 2014).

En este orden de ideas es necesario que la formulación de políticas para una mejor articulación y ocupación del territorio en las ciudades de América Latina, estén alimentadas a partir de la experiencia ganada en el continente en procesos urbanos realizados en algunos territorios y la experimentación con procesos académicos locales o como derivas del trabajo compartido de talleres de Urbanismo y Arquitectura de nuestras Universidades o centros de estudio e investigación.

Las ciudades son el espacio de la diversidad y la multiculturalidad, por ende el territorio debe convertirse en el escenario que propicie los acuerdos mínimos para vivir en comunidad, pues de no ser así, las ciudades se convierten en un territorio de conflicto e inequidad territorial.

Si analizamos los últimos cincuenta años de la forma como se ocuparon los territorios en ciudades como Monterrey, Sao Paulo, Mexico DF, Lima, Medellín y Caracas, encontramos que los fenómenos de desigualdad territorial generadores de conflictos sociales se evidencian en los barrios o colonias que se ocuparon formal e informalmente en sus periferias, periferias que a través de los años y por las dinámicas de crecimiento se consolidaron secuencialmente y se convirtieron en parte de los tejidos de las ciudades, con características de fragmentación y desarticulación territorial, pero amalgamadas como una misma.

En consecuencia, es importante plantear que si bien estos territorios por el crecimiento de la mancha urbana fueron pasando de la periferia al interior de las ciudades, las características urbanas y las precariedades en la capacidad de soporte, como su conectividad y articulación con las dinámicas sociales, económicas y culturales siguen existiendo las características propias de su proceso inicial de ocupación en las periferias.

Aunado a los problemas socio-económicos y de ocupación de los territorios planteados, los asentamientos informales en América Latina, presentan un conflicto ambiental al establecerse sobre los sistemas naturales como laderas, arroyos, ríos, corredores bióticos y humedales, y de esta forma, los sistemas ambientales pierden su capacidad regenerativa y su valor como sistemas de ordenamiento espacial al ser ocupados de manera informal, pues eventualmente desaparecen por completo del paisaje natural que dio origen a dichos asentamientos.

Las ciudades de Medellín y Monterrey no son la excepción a la regla en cuanto a los procesos de urbanización, pues su ocupación territorial está colmada de fragmentos urbanos que solo poseen relaciones a través de vialidades ineficientes y tejidos urbanos desarticulados, quedando entre tejido y tejido, en gran parte divididos por sistemas naturales, intersticios y espacios carentes de valor y ausentes de vida ciudadana, disponiéndose como terrenos aptos para la inseguridad y el conflicto, que repercuten desde espacios locales en problemáticas generales de la ciudad y la metrópoli.

Las ciudades de Medellín y Monterrey objeto de nuestro trabajo en los últimos años en la Cátedra de Urbanismo Ciudadano, presentan una estructura urbana fragmentada y poco dialogante con el paisaje y su geografía, en la que cada parte o componente urbano se percibe como piezas o fragmentos territoriales autónomos, pero no autosuficientes y carentes de soporte urbano.

Esta configuración genera un suelo urbano que conquista e invade los elementos naturales y el paisaje, aunque no los reconoce como atributo, sino más bien como la oportunidad de resolución funcional de su hábitat, estos procesos no conscientes para gran parte de la población en el proceso de ocupación, se convierten en la oportunidad para ser los sistemas re-ordenadores del territorio y con ellos articular los tejidos de los barrios o colonias en sí mismos y "coser" o conectar la ciudad disponiéndola como una superficie continua y equitativa.

Así mismo, en los sistemas de espacialidad pública y en especial los de movilidad, se presenta la oportunidad de transformar urbanamente estos tejidos generando por un lado la conectividad y capilaridad necesaria para su conectividad endógena y exógena, y por otro lado generando espacios públicos que en estrecha relación con los sistemas naturales y la movilidad dispongan espacios para el encuentro ciudadano y la construcción social.

La cátedra de urbanismo social del Tecnológico de Monterrey, viene desde hace un par de años estudiando y analizando desde dos contextos diferentes (Medellín y Monterrey) estas problemáticas en el territorio, en el que se han reconocido e identificado problemas similares que le ha permitido con base a un grupo de profesores y estudiantes, soportados en ejercicios realizados en diversas escalas territoriales, sistematizar las experiencias y con ello establecer estrategias de planificación e intervención integrales a territorios de periferia debidamente consolidados en los tejidos urbanos de la Ciudad.

La cátedra ha pretendido, inducir el proceso a través de una juiciosa lectura integral del territorio desde el ámbito tangible (lo que contiene) e intangible (lo contenido), encontrar las relaciones que marcan las formas de ocupación del territorio con los comportamientos sociales y culturales de la población, así como las problemáticas de la violencia asociadas a los barrios, colonias o ciudades con estas características.

Con todo ello, el taller intenta generar un dialogo académico a partir de la realización de ejercicios teórico-prácticos que permitan la exploración de acciones e insumos que orienten su resultado a alimentar políticas públicas que permitan generar procesos de planificación e intervención para el re-ordenamiento del territorio, con una perspectiva que reconozca la necesidad de entender la ciudad desde lo construido en sus espacios y en las relaciones de su población, y no desde la idea del modelo de nuevo suelo.

Por lo tanto, éstas realidades urbanas objeto de estudio en la cátedra se convierten en verdaderos laboratorios para el estudio y formulación de un desarrollo urbano acorde a la cultura y las condiciones socio-económicas de la región y estos talleres en la posibilidad de encontrar a partir de lecturas integrales del territorio, en la posibilidad de encontrar estrategias para intervenir en estos suelos urbanos y cualificar la calidad de vida de sus habitantes.


Caso La Campana


La cátedra de urbanismo social ha venido trabajando en los últimos semestres en las áreas entorno al campus del TEC de Monterrey en un área denominada Distrito TEC, este proceso desde la cátedra se propuso indagar las problemáticas urbanas que rodean el distrito TEC, y estudiar, reflexionar y formular los lineamientos, estrategias y posibles formas de proceder, para planificar e intervenir en territorios que configuran en nuestras ciudades limites o fronteras, como consecuencia de las formas de crecimiento de nuestros territorios urbanos. En definitiva la catedra ha tratado de entender las periferias urbanas como un fenómeno contemporáneo y experimentar con soluciones por medio de laboratorios de planificación, diseño y construcción.

Esta cátedra ha permitido tanto a estudiantes como profesores tener un acercamiento a la compleja realidad de los fenómenos generados por los procesos de ocupación de nuestras ciudades a partir de lecturas y la generación de hipótesis de planificación, intervención y materialización, proponiendo hipótesis que plantean mitigar las problemáticas sociales y culturales que derivan de estos tipos de ocupación, en pro de una ciudad continua, equitativa y sostenible.

La Campana así como todo el sistema natural del arroyo seco que une hasta Alfonso Reyes y Ladrillera, fueron siempre el tema de interés en cuanto encontrar allí el territorio con mayor importancia en el objetivo de recuperar las condiciones urbanas del Distrito TEC y por ende los lugares de mayor interés por sus características de suelos de periferias internas y por las problemáticas sociales y de violencia generados entorno a estos.

La Colonia de la Campana fue un escenario fascinante de estudio de esta cátedra y a través de su territorio delineado geográficamente, sus atributos de paisaje y la riqueza social de su gente, logramos definir estrategias de actuación generales y específicas que han servido de soporte para que no solo el Distrito TEC, sino las autoridades municipales, estatales y federales pongan el reflector sobre la Campana, a través de una estrategia de planificación e intervención urbana en una Colonia con altos niveles de conflicto social y precariedades económicas.

Este es el verdadero valor del cátedra de Urbanismo social, entender el territorio y las ciudades desde la realidad y desde la posibilidad que ofrece caminar, tocar, hablar y vivir el territorio con su gente, para descubrir sus problemas pero sobre todo los atributos que permitan planificar e intervenir con certezas y obrando consecuentemente con las ciudades.


Bibliografía

Bitar, Sergio (2014). Las tendencias mundiales y el futuro de América Latina. CEPAL - Serie Gestión Pública N° 78, Santiago de Chile

Cuenin, Fernando y Silva Mauricio (2010). Identificación y Fortalecimiento de Centralidades Urbanas - El Caso de Quito. Banco Interamericano de Desarrollo

Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales División de Población (2014). La situación demográfica en el mundo, 2014 - Informe conciso. Nueva York

Sachs-Jeantet, Céline (2007). Ciudad y gestión de las transformaciones sociales. En: Revista Urbano

Tauber, Fernando (2014). La gestión urbana en la ciudad-región latinoamericana, desafíos, oportunidades y limitaciones en el proceso de desarrollo. En: Estudios del hábitat, Nº 12


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