Buscar
  • Carlos Mario Rodríguez

Escobar no es la Ciudad, la Ciudad es lo que hemos construido

Actualizado: 9 de mar de 2019

Reflexionando con cuidado durante los últimos días, de manera muy objetiva y especialmente, bajo la racionalidad que implican los acontecimientos que han sucedido en las décadas pasadas con el fenómeno y la imagen de Escobar como figura pública, que a pesar de los esfuerzos de una institucionalidad, no se han podido borrar los recuerdos de esa imagen icónica que convive en la cotidianidad de la Ciudad, esta ha trascendido su muerte y sigue siendo un referente local, nacional e internacional, debido a un ejercicio comunicacional que de forma real o imaginaria reconstruye su historia, soportada en discursos que cuentan un relato fragmentado e intencional de la ciudad.

Sin embargo, la decisión constante por parte de la institucionalidad en los ámbitos locales, liderando diferentes estrategias) que tienen como objeto principal borrar de los imaginarios colectivos todo aquello que tenga una relación directa con los efectos históricos del narcotráfico, sus momentos de terror y en especial la imagen a quien se le atribuye estos actos: Escobar. En nuestra ciudad, la institucionalidad no ha logrado realmente contribuir con los objetivos trazados, y por el contrario, cada actuación, declaración o posición de líderes públicos o privados, intentando invisibilizar los acontecimientos y hechos ocurridos, han generado un impacto que conlleva a repensar su valor histórico y su influencia simbólica local e internacional, a reconocer este fenómeno como una problemática social que aún existe, más allá de la intención de cerrar la historia del narcotráfico con la negación de la figura de una persona.

Estas acciones de negación e invisibilización reiterativas de la influencia del narcotráfico en el pasado reciente y en la actualidad de la ciudad por parte de la institucionalidad, se contradice en cierta medida con la construcción ciudadana de la memoria histórica, de los imaginarios colectivos y las prácticas sociales, no solo locales, sino internacionales, con consecuencias que evidencian una adaptación actual de estos fenómenos urbanos, ligados a la violencia histórica de Escobar y su liderazgo en el narcotráfico. De esta manera, el discurso oficial de invisibilización, desconoce las raíces más profundas ligadas al problema del contrabando, el narcotráfico y la violencia, que van más allá del simple fenómeno de las figuras y sus actos en la década de los ochenta. Son estas raíces las que realmente deberían ser enfrentadas mediante una estrategia integral que abarque las causas socioeconómicas y culturales, y que reconozca su influencia histórica en la ciudad actual.

Escobar fue el líder e imagen más relevante del narcotráfico y la violencia en Medellín, en Colombia y en el Mundo, su imagen es reiterativamente reproducida en escritos, noticias y series televisivas que han redundado en su reconocimiento, no solamente por el negocio del tráfico de estupefacientes, sino por sus métodos de actuación violentos y sangrientos contra aquellos que se interpusieran en la búsqueda de sus objetivos ilegales y en la búsqueda de poder.

Todos quienes vivimos las décadas de los ochenta y noventa en la ciudad, experimentamos el día a día de una guerra sin cuartel contra las organizaciones ilegales y criminales que quisieron usurpar el poder y con un Estado permeado por la corrupción, que trató de enfrentar una lucha infructuosa y costosa para la ciudadanía, que terminó destruyendo la ciudad, no solo desde lo material, sino y en mayor relevancia, desde el significado del valor de la vida y la dignidad humana.

En esta guerra sin cuartel entre el Estado y las mafias, se combatió por todos los medios a Escobar, una guerra librada en las calles y en las conciencias de quienes de una u otra forma fueron permeados por este fenómeno, y que como resultado inexorable la ciudadanía en general la padeció. Treinta años después se continúa padeciendo en la ciudad los mismos problemas, como consecuencia de no resolver los problemas reales que engendraron estos fenómenos y que equivocadamente creímos haber cerrado con la muerte de Escobar.

Este momento historico en el que debemos reconocer, que el delito del narcotráfico no es un hecho espontáneo y aislado, que sucede solo como consecuencia de un deseo de “emprenderismo negativo” de un grupo de personas que persigue un enriquecimiento rápido, sino que es realmente la aparición espontánea de formas de vida que crecen como consecuencia del resultado de la relación del territorio con una población que históricamente, desde mediados del siglo XX, se encuentra sumida en condiciones de pobreza extrema y de violencia permanente, como corolario de la sinergia de nuestras guerras históricas y de un país que desde su independencia vive en una “Patria Boba”.

Si analizamos exhaustivamente los problemas de fondo de estos momentos históricos de la ciudad, la mayoría de la población seguía debatiéndose entre la pobreza, la inequidad territorial y los conflictos armados del país, con lo cual se ahondaron las problemáticas debido al constante desplazamiento de la población rural a las grandes ciudades y a la pauperización de la población que se emplazó en los borde de la ciudad, resultando un sociedad altamente desigual y en un territorio fuertemente fragmentado, entre las periferias internas empobrecidas y sectores de altos ingresos ambiciosos de poder. Sin embargo, estos fenómenos no son exclusivos de esos momentos sino que actualmente siguen aflorando en nuestro territorio con las mismas prácticas pero con diferentes actores.

Heredamos de nuestra historia conflictos sociales de un país que olvidó resolver los problemas fundamentales de inequidad social y de concentración de la riqueza, derivando en acciones que decididamente permitieron la prevalencia de incertidumbre y de complejidades sociales, por no abordarlos de forma integral, por no abordarlos desde un enfoque territorial, y por no implementar acciones que permitieran afrontarlos a través de la construcción de políticas públicas que realmente impactaran en la cualificación de los problemas reales de nuestra sociedad.

En las últimas décadas, y soportado en cambios importantes como los derivados de los principios de nuestra constitución del 91, y en el marco de este acuerdo social de un Estado de derecho, se han emprendido procesos de participación activa de la ciudadanía en la corresponsabilidad de la construcción del territorio y de nuestra sociedad, que le apuestan por indagar en los problemas reales de la sociedad con sus cargas históricas imborrables, pero con el convencimiento de políticas que trabajen por una ciudad que requiere saldar las deudas sociales históricas y aceptar que tenemos raíces profundas que nos vinculan con una sociedad violenta.

Es entonces este texto un llamado a trabajar en construir memorias colectivas, que como sociedad nos permita aceptar que somos una sociedad en conflicto constante y que aún faltan muchas victorias al igual que derrotas para convertirnos en una sociedad más justa, que reconoce su historia y que conserva su memoria por difícil que sea, y que permitan de esta manera, hacer posible la reconciliación entre todos.

Estas reflexiones podrían llevarnos a entender que lo importante no es enarbolar las banderas entorno a la desaparición de los hechos que constituyeron nuestros difíciles momentos y que marcaron nuestra historia como ciudad y como sociedad, y que el problema no es terminar y borrar la imagen y las huellas que nos dejaron décadas de violencia, como consecuencia de una sociedad permisiva, que permitió que aflorara el narcotráfico y la violencia y que ha tenido en Escobar su principal representante, sino que es la hora de entender…

No podemos entrar en el juego de un show mediático de creer que derribando y cubriendo con mantas de arena y seda los recuerdos y acontecimientos históricos cambiaremos el presente, pues estos símbolos que hoy hacen parte de algunas de las memorias colectivas de la ciudad aún representan vergüenza y dolor, y que no se sanan desde la perspectiva epidérmica sin reconocer los principales problemas de esta sociedad, mucho menos nos permitirán olvidar sin construir el perdón para poder reconciliarnos entre nosotros como sociedad.

Hoy debemos entonces no perdemos ni desgastarnos en las nimiedades de creer que podemos borrar la imagen que tuvimos ante el mundo, finalmente para el resto eso somos y las periódicas formas de llevarlo al presente a través de películas, series e instrumentos comunicacionales, están allí, evidentes e inocultables como cuando recorremos la Ciudad y seguimos viviendo las mimas dinámicas sociales de los años ochenta y noventa. Creo que lo importante es seguir re-pensándonos como sociedad y trabajar en acuerdos colectivos que permitan sanar las deudas y las heridas históricas que tenemos, para ser la ciudad que todos queremos reconocer, sin borrar nuestro pasado. Finalmente uno es lo que construye como persona, el pasado no se puede borrar, pero si se puede construir a través del acuerdo colectivo social y de reconciliación.

79 vistas1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo